
Ayer tuve una conversación muy interesante con una niña de cuatro años. Me preguntó por lo que había comido. En cuanto se lo dije, ella me contó lo que comió ella en su casa para decirme seguidamente que se había comido todo el plato y que su madre le había levantado el castigo. Yo le pregunté por el castigo y me dijo que su madre le había castigado por insultar. “Y, ¿por qué has insultado?”, “No sé, no me dí cuenta”. Tras su respuesta, quise saber cómo era su castigo, y me comentó que se sentaba en una silla pequeña de su habitación. A lo que aproveche a decirle, “¿qué haces en esa silla?”. “No sé. Nada. Me aburro. Mi madre dice que tengo que pensar en lo que he hecho mal, pero yo no lo sé”.











