
1- Los adultos cercanos del niño estamos siendo su modelo de comportamiento. Aprenderá de nuestras conductas, y las reproducirá en otras situaciones.
2- Disminuirá su autoestima, aumentará su frustración y el miedo a ser rechazado por las personas que quiere.
3- No va a entender qué ha hecho mal. Los niños necesitan que les expliquemos lo que pueden mejorar y cómo deberían cambiar ese comportamiento. No debemos tener miedo a su ¿por qué?
4- Le costará emplear el lenguaje para expresar lo que no le gusta o lo que le molesta en diferentes situaciones, puesto que nosotros no lo hacemos con él/ella. Incluso, aumentarán las rabietas y conductas de oposición.
5- Es muy posible que pegue a otros niños, hermanos pequeños...; queriendo experimentar lo que se siente desde un papel agresivo.
6- ¿A qué edad dejaremos de darle un azote cuando se porte mal? Será difícil saberlo. Quizá cuando tenga la suficiente fuerza para oponerse.
7- Estaremos perdiendo el control de su aprendizaje para la resolución de problemas. Aprenderá que pegar es una forma de expresar y solucionar dificultades.
8- Un azote únicamente tendrá una consecuencia a corto plazo en la comprensión del pequeño. Los niños aprenden las consecuencias de sus conductas si comprenden porqué no hay que hacer algo que está mal, o si experimentan por sí mismos las consecuencias de su comportamiento (siempre que no haya ningún peligro).
9- Aumentarán los síntomas de ansiedad ante situaciones en las que piense que le pueden regañar y no ha hecho nada malo.
10- No repetirá ese comportamiento delante de la persona que le dio el azote, incluso puede que llegue a sentir temor cuando le vuelva a regañar esa mismo adulto.
Pero, sobre todo, no pegar a un niño o a una niña influirá positivamente en vuestra confianza y complicidad.
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